Cómo preparo un examen en dos semanas
Las dos semanas antes de un examen de ingeniería, paso a paso: de repasar teoría a hacer problemas hasta que salgan solos, sin llegar a la noche de antes empollando.
Primera semana: entender la teoría y hacer problemas por temas con la solución cerca. Segunda semana: exámenes de otros años enteros, cronometrados y sin ayuda. Si dejas los problemas para el final, llegas sabiéndote la teoría y sin saber resolver, que es lo que evalúan.
Dos semanas es el tiempo con el que preparo un examen si he llevado la asignatura más o menos al día. Si no la he llevado, dos semanas no bastan para las duras, y eso también hay que decirlo. Suponiendo que la base esté, así reparto esos catorce días.
Primera semana: entender y hacer problemas por temas
Los primeros días son para asegurar que entiendo, no para memorizar. Repaso la teoría de cada tema y, en cuanto la tengo, me pongo con problemas de ese tema. Al principio con la solución cerca, para desatascarme rápido, pero cerrándola en cuanto pillo la idea (de esto hablo en cuándo mirar la solución). El objetivo de esta semana es que no quede ningún tema del que piense «esto no lo pillo»; los que se resistan, ahí es donde meto las horas extra.
Segunda semana: exámenes de otros años, enteros
La segunda semana cambia el chip: dejo de estudiar por temas y hago exámenes de años anteriores completos, cronometrados y sin mirar nada, como si fuera el día. Esto es, con diferencia, lo que más me ha subido la nota. Te enseña el tipo de problema que pone ese profesor, te acostumbra al tiempo real, y te enseña algo que estudiando por temas no ves: saltar entre temas distintos en una misma hoja. Un problema aislado sabiendo de qué tema es resulta fácil; el mismo problema sin saber por dónde va es el examen de verdad.
Corregir en serio lo que falla
Cada examen de prueba lo corrijo y apunto en qué fallé, pero sobre todo de qué era el fallo. Muchas veces no era del tema: era base —una integral que no cerré, un despeje, unas unidades—. Esos fallos los ataco por su cuenta, machacando la técnica que se repite, no releyendo la teoría entera otra vez.
La noche de antes no es para aprender
El día de antes no intento meter nada nuevo. Reviso el formulario, rehago un par de problemas tipo para llegar con la mano caliente, y a dormir. He probado lo contrario —quedarme hasta tarde metiendo un tema que llevaba flojo— y llego peor: más lento, más torpe con las cuentas y más nervioso. Lo que no esté aprendido a esas alturas, no se aprende esa noche.
Y si no has llegado, prioriza
No siempre se llega bien, seamos sinceros. Cuando voy justo, no intento darlo todo por igual: aseguro lo que más cae y lo que mejor domino, y asumo que alguna parte irá floja. Un aprobado raspado bien peleado vale muchísimo más que un intento de saberlo todo que acaba en nada. Sobre esto va también suspender.
Dedicar las dos semanas a leer teoría y apuntes y dejar los problemas para «cuando me lo sepa». Llegaba al examen habiéndome leído todo y sin haber resuelto casi nada con la hoja en blanco, que es exactamente lo que te piden. Ahora los problemas entran desde el primer día.