La carrera · El ambiente

Suspender: lo que pasa de verdad y lo que no

Escrito por Daniel · 5 min de lectura

Has suspendido en la universidad y parece el fin del mundo. Te cuento, desde alguien que ha llevado varias pendientes, qué pasa de verdad y qué no.

En corto

Suspender en la carrera es normal, mucho más de lo que parece desde fuera, y no dice nada de lo que vales. Lo importante no es no caer: es no soltar. Se recupera. Yo he llevado varias pendientes y cada vez voy mejor; la clave fue aguantar y no dejar de intentarlo.

Si has llegado aquí después de ver un suspenso, respira. Escribo esto precisamente porque yo he estado ahí más de una vez, y porque lo que te cuentes estos días importa. Voy a ser sincero, que es lo único que sirve.

Es más normal de lo que crees

Suspender en ingeniería es de lo más común, aunque desde fuera no lo parezca porque nadie lo airea. Yo he llevado varias asignaturas pendientes, y no soy la excepción rara: es casi la norma en las asignaturas duras. Las tasas de suspenso en cosas como Cálculo o Física en primero son altísimas en todas partes. Que te haya pasado te mete en el grupo de la mayoría, no en el de los que «no valen para esto».

No dice lo que vales

Un suspenso mide una cosa concreta en un momento concreto: que ese día, en ese examen, no llegaste. No mide tu inteligencia, ni si vas a ser buen ingeniero, ni tu futuro. Es un dato, no una sentencia. Y al revés también: sacar buenas notas no te hace mejor persona ni la única forma de valer. La nota es una medida muy estrecha de una cosa muy pequeña.

Qué pasa de verdad

En la práctica, casi siempre, lo que pasa es esto: te vuelves a matricular, la preparas otra vez con lo que ya aprendiste la primera —que no es cero, aunque lo parezca— y la sacas. Se reorganiza el curso, a veces se alarga un poco, y sigues. No se acaba la carrera por una asignatura, ni por dos. Duele en el momento y luego se coloca en su sitio, que es mucho más pequeño de lo que parece ahora.

Lo que sí importa: por qué caíste

Lo único que sí conviene mirar con calma es por qué. En mi caso, casi siempre, el fondo era la base: me faltaban las matemáticas de debajo y por eso la asignatura entera se me hacía cuesta arriba. Si es tu caso, la buena noticia es que eso se arregla, y no repitiendo lo mismo más fuerte, sino tapando el agujero: repasar la base con ejercicios resueltos antes de volver a la asignatura. Cambiar algo del método vale más que echarle el doble de horas a lo mismo.

La clave es aguantar

Si tuviera que quedarme con una sola cosa de toda esta sección, sería esta: la carrera no la sacan los que no caen, la sacan los que no sueltan. Yo he ido remontando pendientes poco a poco, y cada vez voy mejor, no porque me haya vuelto más listo, sino porque no dejé de intentarlo y le fui cogiendo el punto. Se aprende a llevarla, por las buenas o por las malas. Aguantar, cuando puedas permitírtelo, es la victoria.

No hace falta que te salga bien a la primera. Hace falta que sigas ahí a la segunda.

Y una cosa importante de verdad: si esto va más allá del suspenso y lo estás pasando mal —si el agobio no se te va, si te supera—, no te lo comas solo. Habla con alguien: con el servicio de orientación o atención psicológica de tu universidad (casi todas lo tienen y es gratis), con un amigo o con tu familia. Pedir ayuda no es rendirse; es lo más sensato que puedes hacer, y no tienes por qué pasar por esto en soledad.