La carrera · Enfrentarse a problemas

Cuándo mirar la solución (y cómo mirarla para que sirva)

Escrito por Daniel · 4 min de lectura

Mirar la solución no es hacer trampa, pero mirarla mal no enseña nada. Cuándo la abro yo y qué hago con ella para que no se me olvide al día siguiente.

En corto

Mira la solución cuando lleves un rato largo atascado de verdad, no a los cinco minutos. Y cuando la mires, lee solo hasta el paso que te faltaba, tápala y termina tú. Si la copias entera de un tirón, mañana no sabrás hacerla.

Durante el bachillerato tenía la idea de que mirar la solución era rendirse. En la carrera cambié de opinión: la solución es una herramienta más, pero según cómo la uses te enseña o te engaña.

Cuándo la abro

No a los cinco minutos. Si la abres en cuanto notas la primera resistencia, no aprendes a resistir, y justo eso es lo que te van a pedir en el examen, donde no hay solución. Espero a estar atascado de verdad: después de haber escrito lo que sé, de haber vuelto al enunciado y de haber probado al menos un camino que no salió. A partir de ahí, mirar es aprovechar el tiempo, no tirarlo.

Cómo la miro: solo hasta el paso que me faltaba

Este es el detalle que lo cambia todo. No leo la solución entera. Leo solo hasta el punto donde estaba atascado, veo la idea que me faltaba, y en cuanto la pillo cierro la solución y termino el problema yo solo. Muchas veces era una línea: un cambio de variable, reconocer que ahí había que integrar por partes, ver qué ecuación tocaba. Con esa línea me basta; el resto lo puedo hacer.

Leerla entera de un tirón engaña un montón, porque leyendo todo parece facilísimo y te crees que lo has entendido. Y no: entender leyendo y saber hacerlo con la hoja en blanco son dos cosas distintas. Lo segundo es lo único que puntúa.

La prueba de verdad: rehacerlo sin nada

Al día siguiente rehago el problema desde cero, sin mirar. Si sale, era mío de verdad. Si me vuelvo a atascar en el mismo punto, es que no era falta de idea puntual: me falta base de ese trozo, y ahí sí toca parar y repasar la herramienta —la derivada, el método de integración, el álgebra— por su cuenta. Para eso están los ejercicios resueltos: no para copiar el de hoy, sino para machacar la técnica que se repite.

La trampa de coleccionar soluciones

Se ven muy bien los ejercicios resueltos leídos. Da sensación de estar avanzando y encima no cuesta. Pero pasar la tarde leyendo soluciones no es estudiar, es ver estudiar. Como mucho te vale para la primera pasada de un tema nuevo; en cuanto entiendes la idea, hay que cerrar y sudar el problema tú.

Lo que no me funcionó

Tener el solucionario abierto al lado mientras «hacía» los problemas. Acababa cada ejercicio mirando de reojo en cada paso, y llegaba al examen habiendo hecho cincuenta problemas… sin haber hecho ninguno de verdad. Ahora la solución está cerrada por defecto y solo la abro cuando ya me he peleado.