Qué hacer cuando te bloqueas en un examen
En un examen el reloj corre y la cabeza se queda en blanco. Lo que hago para desbloquearme sin perder los nervios ni el tiempo que me queda.
No te quedes clavado en la pregunta que no sale: salta a otra, suma los puntos que sí puedes y vuelve al final. En el problema atascado, escribe el planteamiento y las fórmulas aunque no llegues al número: el procedimiento puntúa. El bloqueo casi siempre es prisa, no ignorancia.
El bloqueo de examen es distinto del de casa, porque encima está el reloj y los nervios. Me ha pasado de leer la primera pregunta, quedarme en blanco y notar cómo empezaba el agobio. Esto es lo que hago para cortarlo.
Saltar, no clavarse
Lo peor que puedes hacer es pelearte quince minutos con la primera pregunta solo porque es la primera. Si no sale a la primera, la dejo marcada y salto a la que sí sé hacer. Sumar primero los puntos seguros hace dos cosas: asegura nota y me quita el agobio, y con la cabeza más tranquila el problema que no salía muchas veces se desatasca solo cuando vuelvo.
Escribir el planteamiento aunque no llegue al número
En ingeniería el procedimiento puntúa, casi siempre más que el resultado. Así que en el problema atascado escribo lo que sé: el esquema, las ecuaciones que gobiernan, el balance planteado, qué haría si tuviera el dato que me falta. Muchas veces, escribiendo el planteamiento, aparece el camino que no veía. Y si no aparece, al menos me llevo los puntos del planteamiento en vez del cero de la hoja en blanco. Un problema bien planteado y sin terminar puntúa; uno en blanco, no.
Respirar de verdad, treinta segundos
Cuando noto que el bloqueo es de nervios y no de contenido, paro treinta segundos, suelto el boli y respiro. Suena a tópico, pero el bloqueo de examen muchas veces no es que no sepas: es que la prisa te tapa lo que sabes. Bajar las pulsaciones medio minuto recupera más tiempo del que cuesta.
La base también salva aquí
Un motivo muy repetido de bloqueo en mis exámenes era matemático: sabía plantear el problema pero me trababa en la cuenta —una integral, un sistema, un despeje— y eso me paralizaba entero. Llevar muy rodadas derivadas e integrales quita ese tipo de bloqueo, porque la parte matemática sale en automático y puedes gastar la cabeza en lo que de verdad evalúa el problema.
Reservar cinco minutos al final
Intento no apurar hasta el último segundo calculando. Guardo unos minutos para releer, comprobar unidades y mirar que cada respuesta contesta a lo que pedían. Ahí es donde recupero los puntos tontos, que son los más baratos de recuperar.
Empeñarme en resolver los problemas en orden, del 1 al final. Si el 1 era el que no salía, me comía el tiempo y llegaba con prisas a los que sabía hacer con los ojos cerrados. Ahora hago primero lo seguro y dejo lo dudoso para el final, con lo que sobre.