La carrera · Enfrentarse a problemas

Qué hacer cuando llevas 40 minutos atascado en un problema

Escrito por Daniel · 5 min de lectura

Llevas cuarenta minutos con el mismo problema y no se mueve. Lo que hago yo, en orden, antes de mirar la solución o de dejarlo por imposible.

En corto

Deja de mirar la hoja en blanco. Escribe lo que sí sabes, decide si el atasco es de idea o de álgebra de debajo, y si en quince minutos más no avanza, déjalo y vuelve mañana. La mayoría de mis atascos no eran del tema nuevo: eran de base.

Un problema que no sale y un reloj que corre es de lo más normal de la carrera, y durante mucho tiempo lo llevé fatal: me quedaba mirando el enunciado esperando que se me encendiera algo. No se enciende. Esto es lo que hago ahora, más o menos en este orden.

Lo primero: ¿de qué es el atasco?

Hay dos atascos y no se arreglan igual. Uno es «no tengo la idea»: no sé por dónde entrar, qué teorema o qué método toca. El otro es «tengo la idea pero se me atraganta la cuenta»: sé lo que hay que hacer, pero me pierdo en el álgebra, el cambio de variable o el sistema de ecuaciones.

Distinguirlos me ahorra horas, porque en mi caso el segundo es mucho más frecuente de lo que parece. Muchas veces creía estar atascado en Termodinámica o en Fluidos y en realidad el atasco era matemático: una integral que no sabía cerrar, un sistema que no despejaba. El tema no era el problema; la base de debajo sí.

Escribo lo que sé, aunque parezca poco

La hoja en blanco no ayuda. Escribo los datos, lo que me piden, y cualquier relación que conecte las dos cosas aunque no sepa todavía si me sirve: la ecuación de estado, un balance, la definición que sea. En cuanto hay algo escrito, casi siempre aparece el siguiente paso. Pensar «en la cabeza» un problema de ingeniería no me funciona nunca; pensarlo en el papel, sí.

Vuelvo al enunciado a buscar lo que no he usado

Si me atasco de idea, releo el enunciado buscando algún dato que todavía no haya tocado. En los problemas bien puestos no sobra casi nada: si hay un dato que no has usado, muchas veces es justo la pista que te falta. «Proceso adiabático», «gas ideal», «régimen estacionario» no son adorno, son la ecuación que tienes que meter.

Ataco la parte matemática por separado

Cuando el atasco es de cuenta, saco esa parte a un lado y la resuelvo como lo que es: un ejercicio de matemáticas, sin la física encima. Si es una integral, la trato como una integral y punto —para eso tengo a mano los ejercicios de integrales resueltos paso a paso—. Separar «la idea física» de «la cuenta» hace el bloqueo mucho más pequeño y más fácil de romper.

Cuándo lo dejo

Si después de todo esto llevo cerca de una hora y no avanza, lo dejo. No es rendirse: es que el cerebro cansado repite el mismo camino cerrado una y otra vez. Marco por dónde me quedé, lo dejo escrito, y lo retomo al día siguiente. Un porcentaje altísimo de las veces, el problema que ayer era un muro hoy sale en diez minutos. Dormir sobre un problema es una técnica de estudio, aunque no lo parezca.

La regla que me ahorra más tiempo: si no sé por dónde entrar en veinte minutos, casi seguro me falta base de un curso anterior, no ingenio.
Lo que no me funcionó

Quedarme mirando el enunciado sin escribir nada, esperando la inspiración. Y releer toda la teoría del tema entero cuando me atascaba: perdía media hora repasando cosas que ya sabía en vez de ir a lo que fallaba. Ahora, si el atasco es matemático, voy directo a repasar solo ese trozo.