Apuntes: qué funciona y qué es perder el tiempo
En ingeniería, copiar la pizarra bonita no sirve de mucho. Cómo tomo apuntes para que me valgan de verdad cuando llega la hora de estudiar.
Copiar la pizarra tal cual, sin pensar, es tiempo perdido: acabas con apuntes preciosos que no entiendes. Yo apunto los pasos y, sobre todo, el porqué de cada paso y las trampas que avisa el profe. Lo bonito da igual; lo que vale es que dentro de un mes lo entiendas tú.
He probado varias formas de tomar apuntes y he cambiado de idea sobre lo que sirve. Lo cuento por si te ahorra el rodeo, porque en ingeniería unos apuntes buenos valen oro y unos malos son horas tiradas.
Copiar la pizarra sin pensar no sirve
Lo más fácil es transcribir la pizarra tal cual, a toda prisa, para «tenerlo». El problema es que puedes copiar una demostración entera sin enterarte de nada, y luego, al estudiar, tienes tres folios preciosos que no entiendes. La mano iba, la cabeza no. Copiar no es entender.
Apuntar el porqué, no solo el qué
Lo que de verdad me sirve al estudiar no es el paso, es por qué se da ese paso. «Aquí integramos por partes porque hay un producto que no se simplifica.» «Cambiamos a polares porque el dominio es un círculo.» Esa media frase entre paso y paso es la que, un mes después, hace que los apuntes se entiendan solos. Sin ella, un desarrollo largo es indescifrable aunque esté perfecto.
Cazar lo que el profe dice y no escribe
La información más valiosa muchas veces no está en la pizarra: es lo que el profesor dice de pasada. «Esto suele caer en el examen», «aquí todo el mundo se equivoca con el signo», «este caso es especial». Eso lo apunto sí o sí, destacado, porque es oro puro y no viene en ningún libro. Es de las pocas cosas que solo tienes por estar en clase.
A mano o digital: da un poco igual
Con la herramienta no soy talibán. La mano ayuda a fijar y en asignaturas con mucha fórmula y dibujo va muy bien; lo digital es cómodo para buscar y ordenar. Lo importante no es el soporte, es pensar mientras apuntas en vez de transcribir en piloto automático. Unos apuntes a mano hechos sin cabeza valen tan poco como unos digitales copiados sin cabeza.
La pasada del mismo día
Cuando puedo, el mismo día le doy un repaso rápido a lo del día: relleno el paso que quedó a medias, marco lo que no entendí para preguntarlo, subrayo lo importante. Son diez minutos que convierten unos apuntes de clase en unos apuntes de estudiar. Dejarlo para dentro de dos meses es garantía de no acordarme de qué quería decir aquella flecha.
Obsesionarme con tener los apuntes perfectos y bonitos, con colores y regla. Se ven genial y no enseñan nada: gastaba el tiempo en la estética en vez de en entender. Unos apuntes feos con el porqué de cada paso valen diez veces más que unos preciosos que solo copian la pizarra.